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Jueves, 30 Julio 2020 04:24

La tolerancia a la frustración

Written by Ana María
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La frustración es una emoción necesaria e inevitable de todo ser humano que padecemos con más frecuencia de lo que nos gustaría admitir, principalmente notorio durante el proceso de aprendizaje ya que todos desde pequeños reconocemos en nosotros mismos tanto talentos como debilidades que a su vez forjan el sentido de identidad en cada individuo. 

Se trata de un tema sensible aunque fundamental en el desarrollo de la inteligencia emocional, puesto que cada uno de nosotros experimenta la frustración en distintas situaciones y medidas, resultado de vivencias marcadas a partir de los diferentes valores que nos han sido inculcados, se generan opiniones tan divididas respecto a lo que es o no ser intolerante a la frustración. 

La buena noticia es que esto es un término clínico, no una opinión, y la manera más sencilla de identificar la diferencia durante el proceso de crianza es separando las necesidades de los niños de sus deseos y enseñándoles a hacerlo ellos mismos a través del autocontrol. Si bien la tolerancia a la frustración es en buena parte influenciada por la genética y el aprendizaje social, principalmente se trata de una habilidad que debe ser ejercitada. ¿De qué forma? Aprendiendo a equivocarse.

Como en todo nos encontramos que hay extremos: los padres muy demandantes, los sobre protectores y los que son irresponsables. Por un lado es totalmente normal que los pequeños sean impacientes, pero la manera en la que los tutores transmitan estilos de afrontamiento consistentes con una perspectiva positiva o una pesimista moldea la voluntad y será toda la diferencia entre una persona feliz y una acomplejada.

Vivimos una realidad generalmente problemática donde se nos presentan estas situaciones indeseables sobre las cuales no tenemos control alguno, pero es necesario ser conscientes de que si no podemos controlar determinadas condiciones al menos sí podemos modificar nuestra perspectiva y conducta al respecto. Hoy más que nunca es hora de dejar ir el miedo al fracaso propio que tratamos de controlar a través de intentar monitorear cada aspecto de la vida de tus hijos, ya que las frustraciones también se heredan. Tenemos que recordar que tanto el éxito como el fracaso son paradigmas basados en valores sociales, totalmente dependientes de la interpretación que se les da en cada familia y cultura.

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