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Miércoles, 01 Julio 2020 02:32

Azúcar: La droga letal del siglo XXI

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¿Se te ha ocurrido que algún alimento podría generar un tipo de adicción tan destructiva que sea equiparable a la dependencia que generan las drogas más fuertes? Pues bien, en el blog de hoy vamos a tratar este polémico tema. La realidad más tangible es que estamos experimentando una época muy complicada e incierta de pandemia, sumada a toda clase de sucesos trágicos al rededor del mundo entero. Hoy en día muchas personas viven con gran temor ante lo imponente de las circunstancias, pero si hacemos cuentas y analizamos un poco los números específicamente en el continente americano notaremos que, además de la epidemia de coronavirus que actualmente estamos padeciendo, existen otras más silenciosas y de igual o mayor gravedad.

La obesidad se ha convertido en un problema de salud pública tanto en países desarrollados como los que están en vías de desarrollo, el aumento de las populares comidas rápidas, la distribución masiva de alimentos chatarra con aberrante contenido calórico, carbohidratos complejos que finalmente llegan a nuestro cuerpo en forma de glucosa excedente, todo con el objetivo primordial de “enganchar al cliente” para convertirlo en un consumidor frecuente y sumiso. Y encima cómo ignorar que todo este abuso hacia el cuerpo viene con efectos adversos, estamos destruyendo poco a poco nuestro sistema inmunológico ocasionando que cada vez nos volvamos más vulnerables a cualquier virus o bacteria.

La palabra adicción viene del latín y hace referencia a cualquier hábito que domina la voluntad de una persona, se puede definir como la dependencia compulsiva e incontrolable de una sustancia, actividad o relación. Cuando existe una adicción se hace evidente la falta de control que ocurre en los pensamientos y conductas del individuo, puesto que el dominio propio, es decir, el autocontrol, es suplantado por el objeto de su deseo. El apóstol Pedro lo define en una forma muy clara:


“… Porque el que es vencido por alguno, es hecho esclavo del que lo venció”

2 Pedro 2:19



Así que, en pocas palabras, una adicción es algo que simplemente ya te venció, te ha esclavizado y no te permite tener control de tu vida puesto que tu percepción, es decir, los pensamientos, emociones, motivaciones y por lo tanto tus decisiones, están cautivos de una dependencia, y es ésta quien tiene el mando, te guía, te indica qué hacer, qué comer, qué beber, cómo vivir, hasta que finalmente determina tu muerte.

“¡Ah… estás siendo muy trágica! ¡Qué exageración!” Podrás estar pensando, solo te pido que antes que dejes de leer esto analicemos la fisiología sobre lo que ocurre cuando el azúcar entra a nuestro cuerpo.

La primera etapa de cualquier adicción está unida a los efectos que la refuerzan, es decir, al placer que le causa al cuerpo recibirla. Al momento de consumir el azúcar de las primeras reacciones observables además de una sensación agradable en las papilas gustativas, es que se desata una respuesta en nuestro cuerpo liberando el neurotransmisor llamado dopamina, conocida coloquialmente como el químico de la felicidad, aunque en realidad su aportación es más bien orientada hacia el placer. Es decir, en pocas palabras consumir azúcar provoca una inmediata sensación de satisfacción, es por eso que cuando estamos tristes, al rededor de la menstruación, o atravesando alguna situación que afecte el ánimo, lo primero que pensamos es en comer algo dulce o agradable, con el propósito de contrarrestar o maquillar los estímulos indeseables. Los problemas que acompañan la obesidad mórbida tienen que ver con padecimientos graves de depresión y ansiedad que, se pretenden satisfacer con algún tipo de alimento rico en glucosa o carbohidratos.

De hecho estudios recientes determinaron que el consumo de comidas ricas en azucares liberan grandes cantidades de opioides endógenos, al grado de emular un efecto de tipo analgésico equivalente al de la morfina.

El problema grave del azúcar es que por ser algo tan presente en nuestras vidas cotidianas en algún punto se pueda tornar incontrolable y nos llegue a dominar al grado de convertirse en una adicción que termina destruyendo nuestro cuerpo a través de males como obesidad, obesidad mórbida, hipertensión, diabetes, etc.

¿Cómo evitar ser adicto al azúcar? Muy simple, en primer lugar, es urgente que desechemos de nuestra dieta personal y consumo familiar frecuente todo tipo de alimentos procesados e industrializados que tienen como principal objetivo captar una ganancia por sobre el precio de la materia prima en relación a los gastos de producción. Necesitamos regresar a la alimentación natural básica, nuestro cuerpo sí necesita azúcar, pero aquella que provenga de productos naturales como la miel de abeja, el azúcar contenida en frutos como la llamada fruta del monje, el dátil, mango, naranja, melón, sandía, manzana, papaya, etc.


Evita a toda costa el consumo de carbohidratos complejos y harinas refinadas ya que causan graves daños en el proceso de la digestión, ahora imagínate si a esto le agregas todavía azúcar refinada ¡la receta perfecta de un veneno mortal! Recuerda que los alimentos como el pan dulce, pasteles, postres, y la buena mayoría del cereal en caja son bombas de tiempo que destruyen nuestro organismo lentamente.

Algo que descubrí de primera mano es cómo este tipo de alimentos cargados con azúcar y carbohidratos generaban en mi cuerpo letargo y me incapacitaban hasta mentalmente, noté que a mi organismo le daba mucha flojera activarse y me costaba trabajo realizar tareas físicas, en la mayoría de los casos mi organismo estaba tan ocupado tratando de procesar y digerir ciertos alimentos que no tenía fuerzas para nada. Comencé a investigar y llegué a la conclusión que tenía un problema de adicción al azúcar, porque los alimentos que consumía en mi dieta diaria no tenían nada que ver con algún tipo de necesidad nutricional, eran solo alimentos sensorialmente atractivos que generaban leves descargas de dopamina pero en realidad a la larga no me estaban ayudando de ninguna forma.

Decidí entonces hacer un ejercicio mental más profundo y pude entender que en realidad no buscaba tal o cual alimento por su función principal que es nutrirme, sino por la cantidad de azúcar que me daba. Así fue como empezó este experimento: deseché por completo cualquier alimento procesado, eliminé de mi dieta todo alimento que incluyera en su preparación algún tipo de glucosa, azúcar o endulcorante, inclusive descartando por completo los endulzantes  artificiales como el splenda y stevia. Muchas veces puede convertirse en un proceso de gimnasia mental tremenda, ya que al sacar de tu alacena tantas cosas te quedas con casi nada y la inevitable pregunta ¿y ahora qué voy a comer? Aprender a enseñarse a comer no es de ninguna manera tarea fácil, requiere un compromiso de tu parte aprender a escuchar tu cuerpo, disciplina para alejarse de las cosas que no nutren, elasticidad para aprender a apreciar y descubrir nuevos sabores e implementarlos en combinaciones que no te aburran. No subestimemos la relación que tenemos con nuestra comida ya que es una práctica tanto fisiológica como emocional, y qué mejor consiente que inconscientemente. Puedo decir con toda seguridad que desde que comencé a alimentarme con productos naturales y no procesados los cambios en mi salud fueron radicales y extraordinarios.

Sé que, como todos, tengo un largo camino por delante en el aspecto de mi salud, pues nadie nace y muere completamente sano, pero si algo bueno ocurrió conmigo, estoy segura que también puede ocurrir contigo, y ese es mi motivo principal al redactar este blog. Creo que es tiempo de que nos involucremos activamente en el entendimiento de nuestro cuerpo y sus funciones más básicas, qué responsabilidades tenemos para con él, porque finalmente somos un templo y no podemos dedicarnos a destruirlo o tomarlo de rehén en garantía de nuestra fe en Dios cuando la enfermedad se haga presente.

En especial si tus hijos son pequeños, evita todo tipo de dulces y azúcares artificiales, no permitas que otras personas les regalen dulces y enséñales a tomar agua natural, elimina por completo a la hora de la comida el agua endulzada o combinada, desde temprana edad ayúdales a cuidar su salud y desarrollar un paladar feliz que no sea dependiente. Recuerda siempre que la mejor cura para cualquier enfermedad es la prevención.

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Hilda Magaña

Hilda Magaña es licenciada en sistemas de computación administrativa, directora académica y creadora de educazion.net y prepaenlinea.mx

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